Biblioteca teosófica de las maravillas (2022)

(Wagner, mitólogo y ocultista, “La Walkyria”) la “Espada del Conocimiento” en espera de que la arranque hercúleo el héroe, “el Deseado”, que ha de esgrimirla contra los monstruos del Dolor, de la Noche y del Crimen.

117 Bagdad, la ciudad turca conquistada recientemente por los ingleses en la Gran Guerra, fue en dichos tiempos un emporio de riqueza y poderío. Su nombre mismo, que equivale a “Jardín de Justicia”, o “Jardín de las Hespérides”, alcanzó el apogeo de su esplendor en la época de este califa y de su hijo y sucesor Mamun, cuyo califato se extendió desde los años 813 a 833. Tenia entonces una población de un millón de almas, con treinta mil mezquitas, diez mil baños y novecientos médicos. Bajo este último reinado florecieron los estudios hasta un grado inconcebible, en todas las ramas del arte y de la ciencia, pues que eran verdaderos polígrafos sus cultivadores. Calculose el tamaño de la Tierra, se conoció el telescopio y se tradujeron todas las obras de la sabia antigüedad. Por eso, en fin, se traen a los textos que actualmente conocemos y que son más o menos del siglo IX, como vimos en el prólogo, multitud de otras historietas sueltas, en que se aprecia mejor el significado inferior y “corpóreo” de Zobeida, como que lleva el título de “Historia de las seis jóvenes de distintos colores”: (la blanca y la negra, la rubia y la morena, la delgada y la gruesa) y que pueden verse en Mardrús.

118 Este cuento es el primero de los que Mardrús dice inéditos hasta la aparición de su obra. Con él empieza el tomo que el autor dedicó al gran poeta americano José Maria de Heredia. Al dar el nombre del rey usa, dice, el artículo “al” en vez de “en”, para no confundir al lector europeo con el trastrueque tan frecuente de las “letras solazares” con las “solares” del abujed (alfabeto árabe). Damos tan sólo aquí lo más esencial del cuento, remitiendo al lector curioso al texto de Mardrús si en él quiere profundizar.

119 Aquí se ve la misma diferencia que entre la Sophia celeste y la Sophia Achadmod, o inferior, de los gnósticos.

120 Aquí el texto pone en boca de Nozhatú la doctrina de los tres portales, a saber: El arte de bien conducirse, El de los buenos modales y de la cultura del Espíritu, y, en fin, la mayor de todas o Puerta de las virtudes. Todas ellas son una especie de tratado del bien obrar, que recuerdan las enseñanzas, también semíticas, del Eclesiástico, los Proverbios y aun los Salmos.

(Video) Doutrina Teosófica | Audiolivro Biblioteca do Alquimista Dourado

121 Las doctrinas de estas cinco jóvenes capitaneadas por la perversa vieja forman un cuento aparte, que en la colección de Mardrús se titula Historia de la muerte del rey Omar Al-Nemán. Merecen extractarse algunas de aquéllas, tales como las siguientes:

“–La vida no existiría sin el instinto de ella, y ha sido dada al hombre para que desarrolle la belleza, poniéndose por cima del error. El hombre cuerdo, de espíritu cultivado, debe proceder siempre en el camino de la virtud y del desinterés, hablar con dulzura y juzgar con equidad, guardarse prudentemente de sus enemigos y escoger cuidadosamente los amigos, sin herirlos en sus intereses, ni contradecir sus palabras, ni contrariar sus costumbres, pues la contradicción enajena hasta el afecto del padre y de la madre, porque el amigo no es como la mujer, de la que se puede uno divorciar sustituyéndola por otra. ¡Y es el amigo una cosa tan preciosa! La herida hecha a un amigo no se cicatriza nunca. El corazón de un amigo, una vez herido, es como el cristal, que, una vez roto, ya no se puede componer.

–La justicia es el primero de los deberes, y volver hacia ella cuando se ha sido injusto es mucho más noble que haber sido justo siempre, y mucho más meritorio ante el Altísimo, quien, habiendo puesto a los jueces para juzgar las cosas aparentes, se ha reservado para Él el juicio de las cosas secretas… Tres cosas denigran a una autoridad: el temor a perder el cargo, el amar la lisonja y el condescender con los culpables de alta categoría. “¿Por qué me has destituido?, preguntaba un caid al califa. Y éste le respondió: “¡Porque tus palabras sobrepasan a tus acciones!” Y el gran Al-Iskandar, el de los Dos Cuernos, dijo a su caid: “Te he confiado la más alta de mis regias prerrogativas. ¡Ten, pues, alma regia!” Y luego dijo a su cocinero: “Te he confiado el cuidado de mi cuerpo. ¡Todo mi gobierno depende, pues, de tu cocina!” Y después dijo al secretario: “En cuanto a ti, ¡oh hermano de la pluma!, te he hecho depositario de lo mejor de mi inteligencia. ¡Te conjuro a que transmitas su fruto integro a las generaciones futuras!”

–Hay, según el sabio Locman, tres cosas que sólo se pueden comprobar en tres circunstancias: la bondad, en las iras; el valor, en el combate, y la resistencia, en la adversidad. Toda acción humana ha de ser juzgada sólo por la intención. El único tesoro verdad es el corazón del hombre; pero ¡cuán difícil es el hallar el camino que conduce hasta él! El verdadero sabio es el que prefiere las cosas inmortales a las cosas perecederas. La acción más hermosa es siempre la más desinteresada. Dos hermanos de Israel se preguntaban qué acción más espantosa era la que uno y otro habían cometido en su vida. El uno dijo que haber estrangulado a una gallina y vuelto a echarla en el gallinero, porque quien maltrata a un animal que no puede defenderse y que Alah ha puesto bajo nuestra custodia es más cobarde que el que maltrata a un hombre, porque la ley le protege y puede además devolver el mal que se le infiera. Y el otro añadió: “Mi peor acción fué haber rezado a Alah para pedirle una merced, porque la plegaria sólo es hermosa y justa cuando pide para toda la humanidad y encamina el alma a las alturas del ideal.”

–Hay dos cosas que debes evitar siempre: el hacer mal a tu prójimo y el caer en idolatría hacia Alah. Si el alma habitase verdaderamente en el corazón del hombre, el hombre tendría alas y con ellas volaría libre al Paraíso, sin ayuda de nada ni de nadie. El simple hecho de mirar cara a cara a una persona fea constituye el pecado más grande contra el espíritu.

(Video) ESTÂNCIAS DE DZYAN

–¿Cuál es la cosa más abominable del mundo? El alardear de piedad. Cuando Alah quiere bien a uno de sus servidores, abre ante él la puerta de la inspiración.

–Se cuenta de Ibn-Bitar que un día preguntó a uno de sus amigos: “¿Dónde has estado tanto tiempo que no te he visto?” –He estado con Ibn-Scheab, mi vecino, desde hace treinta años, pero nunca le he dirigido la palabra.” E Ibn-Bitar le respondió: “¡Desventurado! ¿No sabes que aquel que no quiere a sus vecinos no le quiere Alah?” Un día Ibn-Adham dijo a uno de sus amigos que volvía de la Meca: “¿Cuál es tu vida?” Y el otro contestó: “Cuando tengo qué comer, como, y cuando tengo hambre y no cuento con dinero, lo tomo con paciencia.” Y aquél replicó: “¡Igual que tú hacen los perros del país de Balkh! En cuanto a nosotros, cuando Alah nos da pan, le glorificamos, y cuando no tenemos qué comer, le damos las gracias, no obstante.” “Tú eres mi Maestro”, contestó asombrado el amigo peregrino de la Meca.

–“Aprende a conocerte y obra después según tu conciencia, sin perjudicar al vecino.” Esta es la sabia enseñanza del imán Mohammad ben Edrís Al-Schafi.

–Abí Halifa recibió una gran suma de dinero remitida a él por un rey perverso, y él la devolvió diciendo: “¡Quien sirve a los tiranos por dinero es más tirano que ellos, pues que a estos últimos les guía una pasión.

122 En efecto, Omar, tomando por concubinas a la amada de su hijo, sin conocerla, y a la robada Safia, es algo monstruoso que recuerda por un lado a la conocida fábula griega del hijo de Laio y de Io-casta, y por otro a obras muy posteriores como la célebre de Lope de Vega La serrana bandolera, y otras como La Walkyria, de Wagner, pródigas en supuestos incestos místicos, y digo supuestos porque semejantes uniones, tomadas desgraciadamente en su muerto significado sensual, no son sino otros tantos símbolos, en cierto modo análogos a aquel conocidísimo símbolo cristiano que hace de la Virgen Maria hija de Dios-Padre, madre de Dios-Hijo y esposa de Dios-Espíritu-Santo, cosa sobre la que, para no herir respetables sentimientos cristianos, no nos permitimos hacer comentario alguno.

123 Principalmente en Conferencias Teosóficas (1, 278) y en Wagner, mitólogo y ocultista (cap. IX, pág. 222), se habla de la “Historia de Teágenes y Clariclea”, etíope; de la similar griega y posterior del obispo Heliodoro de Emeso, en diez libros; y de la “Historia de los amores de Clareo y Florisea, con los trabajos de Isea”, escrita en 1552 por Alonso Núñez de Reinoso, celebrado poeta valenciano, “glosando, dice el autor, cierto libro toscano mutilado, el cual, a su vez, está tomado de otro escrito en lengua latina y antes en lengua griega” (“Biblioteca de Autores Españoles, desde la formación del. lenguaje hasta nuestros días”, coleccionada por D. Buenaventura C. Aribau, 1849, 2.ª edic., pág. 439-468). En esta última obra se inspiró Cervantes, a su vez, para escribir su también complicada y obscurísima novela Trabajos de Persiles y Sigismunda, pues no parece que es el destino de esta clase de obras el ir de obscuridad en obscuridad, estando sólo conformes en un hecho: el del “robo de la Helena, Selena, Safia o Abriza de la Sabiduría”, pero sin puntualizarse jamás qué pueblo fuese el “robado” y cuál “el ladrón”, ya que si en la Ilíada aquél es griego y éste asiático, en la obra toscana sobre la que se apoyara Núñez de Reinoso, acontece al revés.

Todo ello, en suma, no demuestra otra cosa sino lo necesitados que están estos asuntos de una critica teosófica e imparcial más especializada y concreta que la que podemos hacer aquí hoy.

(Video) Helena Blavatsky Manuscrito del programa original de la Sociedad Teosofica

124 La versión española de “Camaralzamán y Badura es el mito de Flores y Blanca-Flor, que es el siguiente:

“El hijo de cierto rey era un sér completamente pervertido, que, confinado por su padre en cierto solitario paraje y no teniendo con quién saciar su pasión por el juego, evocó al diablo mismo, quien le ganó hasta la vida, quedando constituido desde entonces el joven en esclavo del Genio del Mal. Aterrado ante el triste fin que le aguardaba, emprendió una loca huida sin rumbo conocido, y en una alquería abandonada encontró un caballo de incansables músculos de acero –un ferrocarril, o una bicicleta, quizá hoy diríamos–, dotado además de rara inteligencia: “Mira bien lo que haces antes de montarme –le habla dicho éste–; igual te puedo llevar a tu dicha que a tu ruina.”

El Príncipe, sin hacer caso, continuó su alocado camino, encontrando, a la luz de la luna, una herradura de oro, luego una pluma y, en fin, una chinela de oro también, de cuyos objetos se apoderó, contra el consejo de su caballo. Después de muchos días, divisaron un monte rodeado de una gran laguna y en su cumbre una casita blanca. El caballo le dice que le está vedado pasar de allí; pero que en la laguna, monte y casita aquella podría encontrar un objeto digno de sus anhelos: Blanca-Flor, su Hada, su Egeria, su media naranja, para lo cual tenia que menospreciar los encantos de cuantas flores hermosas trataran de atraerle a su paso y arrojarse sin titubear y de cabeza a la laguna. “Tuya seré –le dijo Blanca-Flor, apareciendo radiante de hermosura y envolviéndole en nube de ambrosía, así que se hubo arrojado en las ondas el Príncipe–; pero antes de poseerme –añadió aquélla– te tiene que someter mi padre a duras pruebas, pues así está escrito que ha de acontecer con aquel que haya de ser mi esposo. Llámame en la aflicción y persevera hasta el fin.”

Momentos después se presentó el padre de la joven, que era un terrible ogro, quien encontrándole uno tras otro los objetos de oro que había guardado, le sometió por ellos a otras tantas pruebas; a saber: traer el caballo a quien perteneciese la herradura, sacándole de un establo encantado cuyas puertas sólo se abrían mientras sonaban las campanadas de las doce de la noche; aportarle el ave de los prodigios a quien pertenecía la pluma de oro, sacándola sin pérdida de momento de un maravilloso jardín de delicias capaces todas de perderle entre sus seducciones; y, en fin, arrancar de su ebúrnea torre, donde yaciese encantada hacia siglos, a la dueña de la chinela de oro, que no era otra que su adorada Blanca-Flor. Para esto último había de salvar a un pobre pez, acosado por los demás, a una infeliz hormiga y a una avecilla huyendo de un águila rapaz, actos de compasión que eran los únicos capaces de abrirle el camino según el consejo de su Egeria.

(Video) "En el Futuro, una vacuna eliminará la espiritualidad" Rudolf Steiner

El príncipe dió cima a las dos primeras pruebas, con peligro inaudito; pero para la tercera tuvo que vencer además las astucias de una repugnante hechicera, ocultándose a su persecución en las aguas, en los aires y en la tierra, merced al poder mágico de aquellos mismos animalitos a quienes había compadecido. Blanca-Flor cae en sus brazos, vencidas estas pruebas; pero no puede ser suya por completo sin que venza antes otras pruebas aún más imposibles, como lo fueron el plantar en un día una inmensa viña en la falda de cierto árido monte, de tal modo, que a la tarde misma pudiese comer de ella uvas el ogro; buscar bajo las ondas de proceloso mar un anillo nupcial; matar a su adorada, hacer diminutos pedazos de su cuerpo, sin perder ni una gota de sangre; arrojarla al mar, siguiéndola después para encontrar el anillo y reconocer por último a Blanca-Flor entre cien otras, sólo por la vista de uno de sus dedos.

Vencidas todas estas pruebas y otras muchas, tales como domar potros cerriles, limpiar en tres días un establo inmenso habitado por cientos de bueyes durante siglos, tejer una tela irrompible, invisible e incombustible, etc., los amantes emprenden la fuga; pero han equivocado el caballo por fiarse de las apariencias, y el del ogro, que despreciaron por débil, es veloz como el propio viento. Los fugitivos pronto se verían perdidos a no ser por la precaución de Blanca-Flor, quien habla tomado al huir un poco de agua, un peine y un puñado de ceniza, que al arrojarlos detrás se transformaron respectivamente en un gran río, una selva espesa y una opaca niebla. Alcánzalos el ogro, sin embargo, pero se ve engañado por la metamorfosis del caballo en huerto, el príncipe en hortelano y la doncella en frondosa lechuga. Otra vez es engañado también con la transformación de éstos en ermita, ermitaño e imagen bendita. Por fin, el ogro es sepultado en el abismo, bajo un conjuro mágico, y los dos amantes llegan así a las cercanías de la Gran Ciudad de las Puertas de Oro, donde tiene que adelantarse el príncipe para dar al Padre-Rey entera noticia de sus aventuras, quedando encantada Blanca-Flor en un pozo en tanto aquél volviese. El príncipe pierde al objeto de su amor, dejándose abrazar por alguien contra la terminante prohibición de su dama, a quien en aquel punto, sin poderlo evitar, olvida, y cuando ya va después a casarse con otra, se presenta aquélla disfrazada de ancianita y cuenta al príncipe una dulce historia de amor. El joven despierta entonces como de un sueño, bajo aquella misteriosa armonía del relato; reconoce a Blanca-Flor, se desposa con ella entre grandes fiestas por todo el reino, y, años más tarde, hereda el cetro de su padre, gobernando con felicidad durante muy dilatados días.

En esta sugestiva leyenda va envuelto un simbolismo asombroso que recuerda al mito de Thor, a Odín, a Fausto y a la tierna fábula de Psiquis y Heros, de la que luego nos Ocuparemos. Rompiendo la vulgaridad de la vida, el príncipe, como el celebérrimo doctor, busca lo ignorado, lo extraordinario, por no bastar a nuestro sér lo conocido. Como él, firma con el diablo un pacto de sangre; como él, va preparando la unión definitiva entre el ego inferior, representado por el príncipe veleidoso, y el Ego superior simbolizado en las dulzuras de Blanca-Flor, su Minerva protectora, con la que se desposa en definitiva, después de haber triunfado de cuantos obstáculos interpone el mundo astral, representado por el ogro, que tan repetidamente pone a prueba la fe, la perseverancia y el vigor del neófito.

Este sigue primero los estímulos de la curiosidad, “el deseo de la ciencia del bien y del mal”, que diría el Génesis; cambia su caballo corpóreo por otro de férreas resistencias; halla el oro simbólico en diversas formas, y con él un riesgo extraordinario de perdición que le impone las primeras pruebas, las cuales exigen audacia y rapidez en el obrar, prescindiendo de las apariencias exteriores. En la de recabar a Blanca-Flor surge ya el divino elemento de la compasión universal hacia todo lo pequeño y abandonado, hacia todos los seres que sufren, homenaje al dolor universal que destierra de nuestro pecho el egoísmo dándonos la llave del Misterio. En ésta y en las demás odiseas del príncipe se ve la fuente donde se inspirasen muchos cantos fantásticos de Espronceda y no pocas leyendas de Bécquer y de Zorrilla.

Vencida la prueba de los cuatro elementos, viene luego la realización de los humanos imposibles. La viña de la verdad, surge del matorral, mágicamente, cual los muros de Atenas al conjuro de Minerva. El recabar el anillo nupcial exige la renuncia de lo más querido, un heroísmo sin igual para una operación de verdadera alquimia. La tela invisible que se ha de tejer, recuerda a la de Penélope, como los potros cerriles domados por el príncipe son similares de las fieras domeñadas por Hércules y los famosos bueyes de Gerión. Por su parte el jardín del Ave de los prodigios, verdadera ave fénix, se relaciona con el Dédalo de Ariadna o el jardín de las Hespérides, y la gota de sangre vertida por inadvertencia, la gota de leche desprendida del pecho de Juno para formar la Vía Láctea en la teogonía griega, o el grano de granada de las leyendas orientales comido en la noche del solsticio.

Como a Odín, como a Rha, como a Júpiter, como a Dino, como a jesús, como a Mahoma, como a todos los genios de las religiones, en fin, la fuga se impone a la gentil pareja, para escapar a las herodianas persecuciones del ogro, y acercarse así a la Gran Ciudad, al Amenti, al Devachán, al Empíreo, al Elíseo, que han de conquistar los héroes legendarios, a la ciudad del

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Author: Gov. Deandrea McKenzie

Last Updated: 08/17/2022

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